Las tres fases de la atención a otra persona

  • Fuente: www.carersuk.org

    Según una teoría, las personas que se dedican al cuidado de otras atraviesan estas fases. Naturalmente, cada persona es un mundo y esto no se aplica a todas. Influye mucho el modo en que se dé esta situación. En muchos casos, se produce de forma lenta y gradual, pero a veces surge de repente, como consecuencia por ejemplo de un accidente o una apoplejía. Algunas personas atraviesan todas las fases, y otras simplemente no. Se trata solo de una orientación, pero puede ayudarle y tal vez reconozca algunas de estas características en su propio caso.

  • 1. El estado de shock

    Cuando se inicia la atención a otra persona, a menudo se atraviesa un periodo de shock inicial en que el nivel de exigencia es muy alto. Es cuando uno se da cuenta de que su vida ya nunca volverá a ser igual. Curiosamente, algunos responden muy bien en esta fase. Se crecen ante las dificultades y hacen todo aquello que sea necesario. En los primeros días de esta situación es muy útil la ayuda y el apoyo de los familiares y amigos.
    No obstante, el nivel de estrés es muy alto. Es normal que los responsables del cuidado de otros sientan miedo, tristeza, conmoción, ira, pérdida y ansiedad en esta etapa. Si no cuentan con ayuda y orientación, pueden sentirse desamparados y aislarse. También se corre el riesgo de que estas personas tomen decisiones drásticas en esta etapa, como dejar el trabajo o mudarse. Es muy importante que dispongan de apoyo en esta fase y que sus decisiones estén fundadas en hechos objetivos.
    Si el proceso de cuidado de la otra persona se inicia gradualmente (por ejemplo, en el caso de alguien con demencia), es posible que el responsable de la atención se salte esta etapa y se dé cuenta de las repercusiones sobre su vida con antelación.

  • 2. El estado de la realidad

    Esta etapa está marcada por los sentimientos de ira, culpa, resentimiento y soledad. Puede que la ayuda de los familiares y amigos se pierda cuando la situación empiece a afectar a su vida social y personal, y se recobre una sensación de normalidad. Durante esta etapa el responsable del cuidado de otros realiza ajustes e incorpora este rol a su vida, aprendiendo a vivir con él poco a poco. Se establece una rutina, y la vida prosigue. Puede incluso que algunos rechacen ayuda en esta fase. Los demás suelen considerar responsables de la atención a otras personas "maravillosas" y "capaces de todo". Con frecuencia la verdad es muy diferente.
    Estas personas son vulnerables a la ansiedad, el estrés y la depresión durante esta etapa, sobre todo a medida que van perdiendo su idendidad. El trabajo, las aficiones y la vida social que antes los definían quedan relegados a un segundo plano. La discapacidad o la enfermedad pueden haber modificado considerablemente la relación entre estas personas y aquellas a su cargo. Otras relaciones también pueden resentirse. Esta faceta puede dominar su vida hasta el punto de sentirse personas completamente distintas. Las propias necesidades desaparecen si dedican toda su atención y esfuerzo a la persona a su cargo. En este sentido, se corre el riesgo de adoptar hábitos poco saludables e insostenibles, el comportamiento queda establecido y esas personas terminan por abarcar demasiado.

  • 3. El estado de aceptación

    Se llega a un punto en el que los responsables de la atención a otros se dan cuenta de que su situación no va a cambiar si no mueven ficha. Puede que en esta etapa busquen ayuda externa en un intento por satisfacer sus propias necesidades. No obstante, tal vez estén tan absortos en su labor que les cueste empezar a identificar sus propias necesidades.
    Durante esta etapa tratan de asumir el control en lugar de aceptar la situación. Puede que cambien de mentalidad y de actitud frente a la persona a su cargo. También desarrollarán conocimientos y habilidades para controlar y ver su situación desde otra perspectiva más reflexiva. En esta época ya habrán desarrollado cierto grado de conocimiento, capacidad y familiaridad con la rutina.
    En general se trata de una fase positiva, aunque cabe la posibilidad de que algunas relaciones de atención sigan presentando cierta coodependencia que puede no ser sana. Los conocimientos y experiencia adquiridos pueden hacer que algunos se sientan indispensables y que no sean capaces de delegar. Esto también puede hacer que les cueste aceptar ayuda. Otros pueden sentirse contrariados por el modo en que esta situación ha tomado el control sobre su vida.

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