El sistema urinario

La acción de orinar se puede definir como el acto que voluntariamente permite vaciar la vejiga de orina. Puede que también haya escuchado el término médico “micción” para referirse a este proceso.
Esta necesidad natural es fruto de un complejo proceso.
  • Los riñones filtran la sangre para eliminar parte del agua y de los residuos que genera el organismo.
  • Este proceso de filtrado produce la orina: una mezcla de agua y residuos de nitrógeno (urea y ácido úrico).
  • La orina llega a través de unos conductos (uréteres) a la vejiga: una bolsa de membrana muscular. Allí se almacena hasta que hay suficiente líquido para provocar la sensación de que es necesario orinar.

La vejiga se llena y se vacía gracias a varios músculos:
  • el detrusor (músculo de la pared vesical), que se contrae para estimular la micción;
  • los esfínteres (músculos circulares), que cierran la vejiga e impiden que la orina baje por la uretra. Cuando se relajan, dichos músculos permiten la micción.
Todos estos músculos están controlados por el sistema nervioso.

Existe otro conjunto de músculos que desempeña un papel clave en el buen funcionamiento de la vejiga y los esfínteres: el suelo pélvico. Este sirve de apoyo a los órganos internos y ayuda a los esfínteres a mantener la vejiga “cerrada”.
Normalmente, sentimos la necesidad de orinar cuando la vejiga contiene aproximadamente 150 ml (la capacidad de una taza) de orina. Cuando ya se está en el baño, listo para orinar, el cerebro da estas órdenes:
  • manda a la vejiga que se contraiga para expulsar la orina;
  • manda a los esfínteres y los músculos del suelo pélvico que se relajen lo suficiente para que la vejiga se vacíe a través del conducto de la uretra.
Una vez que la vejiga se ha vaciado, los esfínteres se tensan de nuevo y el suelo pélvico retoma su función de apoyo.

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